No suelo escribir sobre mis propios partos. La mayor parte del tiempo mi trabajo es acompañar la historia de otra mujer. Pero este parto me sale a menudo en conversaciones con las mujeres que acompaño, especialmente las que se preparan para un segundo o tercer parto, así que quiero compartirlo. No como un modelo. No como un «ideal». Solo como una experiencia entre muchas posibles.
Esta es la historia de Nora, mi tercera hija, nacida la mañana del 23 de junio de 2022.
El embarazo
El embarazo de Nora fue el primero que llegó de manera natural. Mis dos primeros hijos fueron concebidos mediante reproducción asistida, así que este era un punto de partida muy distinto. No había fechas de transferencia. El embarazo simplemente llegó, y tuve nueve meses para acostumbrarme.
Fue un embarazo tranquilo. También cansado. Estaba cuidando a un niño de dos años y una niña de cuatro, y había muchos días en los que no tenía mucho tiempo ni energía para prestar atención a lo que pasaba dentro de mí. Confiaba en que mi cuerpo sabía lo que hacía, y me centraba en los otros dos cuando hacía falta.
Me preparé para el parto con hipnoparto, igual que había hecho con el segundo. A esas alturas los audios ya me resultaban familiares, casi automáticos.
Un aviso falso en la semana 34
En la semana 34 tuve contracciones irregulares durante varias horas. Fui a urgencias porque no estaba segura. Las contracciones estaban ahí, pero no eran efectivas. Al cabo de unas horas pararon, y volví a casa. Lo cuento porque es un recordatorio útil: las contracciones no siempre significan lo que pensamos que significan, e ir a revisarse no es ningún fracaso. Es información.
Las primeras señales
En la semana 38 + 2 días, un lunes, empecé a perder el tapón mucoso. Tenía unos cuantos hilos de sangre. Nada dramático, sin contracciones, sin otras señales. Seguí haciendo vida normal.
Dos noches después, hacia la 1 de la madrugada del jueves, empecé a notar pequeñas contracciones. No dolían. Eran más bien una sensación de que algo estaba empezando. Me puse los audios de hipnoparto e intenté seguir durmiendo, pero notaba cada contracción.
Le escribí a mi madre, que vive en Girona, a una hora en coche, pidiéndole que viniera. Llamé a la casa de nacimientos para avisar. Mientras hablaba por teléfono con la matrona, tuve un par de contracciones. Ella escuchó cómo las estaba respirando. Eso también le vino bien: le daba información sobre dónde estaba yo en el proceso. Me dijo que tenía tiempo, pero que viniera si lo sentía así. Le dije que vale. Me dijo que iría llenando la bañera de partos para cuando llegara.
Todavía no había avisado a mi pareja. Volví a la cama, lo desperté, le expliqué que mi madre estaba de camino y que había llamado a la casa de nacimientos, y me volví a poner los audios.
Cuando cambió el ritmo
Cuando mi madre llegó, una hora después, me levanté para prepararme para salir. En cuanto me puse de pie, las contracciones se hicieron mucho más intensas. Tenía que parar en cada una, respirarla, y dejar salir sonidos. No porque lo hubiera decidido. Porque necesitaban salir.
Caminé hasta el coche parándome en cada contracción. El trayecto era de media hora. Hice todo el camino de rodillas en el asiento, completamente vertical. Durante el trayecto noté que las contracciones habían cambiado. Ya no se sentían igual. Notaba que Nora estaba cada vez más cerca.
Tenía una sensación, difícil de poner en palabras, de que la estaba aguantando dentro. De que no quería que naciera en el coche, y de alguna manera mi cuerpo estaba esperando.
A esas alturas no podía hacer nada entre contracciones. Venían una detrás de otra, casi como una sola contracción muy larga. Los sonidos que salían de mí eran guturales. Había una sensación de algo imparable, y a la vez sabía que no podía abandonarme del todo, porque no estaba en un lugar seguro. Llevaba puesta una máquina TENS, y le iba cambiando el modo en cada contracción, aunque a esas alturas apenas podía distinguir dónde empezaba una y dónde acababa la siguiente.
La llegada
Llegamos a la casa de nacimientos. Mi pareja se puso a buscar aparcamiento. Le dije que si hacía eso, Nora nacería en el coche, y que dejara el coche en la puerta como pudiera. Lo hizo.
No sé muy bien cómo subí las escaleras y recorrí el pequeño pasillo hasta la habitación de partos. La habitación era cálida y acogedora, con una cama de matrimonio a un lado y una piscina de partos en el centro. Era verano, y yo todavía iba en pijama. Ni siquiera había pensado en cambiarme antes de salir de casa.
Me puse en el suelo a cuatro patas, con la cabeza apoyada en la cama.
La matrona entró. Me quité los pantalones. Me dijo que intentara respirar, que Nora ya venía. Me puso unas gasas calientes en el periné. En la siguiente contracción, salió la cabeza de Nora. Respiré. En la contracción después de esa, salió el resto del cuerpo. Resbaladizo, fácil. Sentí una liberación, y enseguida una felicidad difícil de describir con palabras que no suenen exageradas.
La matrona me la pasó por debajo de las piernas para que pudiera cogerla. Me la puse en el pecho. Eran las 4:17 de la mañana del 23 de junio de 2022.
Habíamos entrado por la puerta de la casa de nacimientos a las 4 de la mañana.
Después del nacimiento
Me senté en el suelo un momento, asimilando lo que acababa de pasar. Después me senté en la cama, sin ropa, con Nora en el pecho, en un estado que solo puedo describir como euforia completa.
La placenta todavía estaba dentro, y Nora seguía conectada a mí por el cordón umbilical. Al cabo de un rato, me levanté para ir al baño, esperando que la posición vertical ayudara a que saliera la placenta. Me senté en el váter. La matrona puso una palangana debajo y se sentó a mi lado. A oscuras, en ese espacio pequeño y tranquilo, noté una contracción suave, y salió la placenta. Lloré. Fue una emoción que no me esperaba.
Volvimos a la cama, Nora en el pecho, la placenta en la palangana, el cordón completamente blanco pero todavía enganchado a ella. Hicimos la primera toma. Descansamos. Las matronas me revisaron más tarde y me dijeron que tenía un pequeño desgarro que no hacía falta suturar.
Comimos algo. Descansamos unas horas. Seis horas después de que Nora naciera, estábamos en casa, presentándosela a su hermano y a su hermana.
Qué me llevo de este parto
Quiero ir con cuidado aquí, porque sé lo fácil que es, cuando has tenido un parto suave, escribir una historia que suena a receta. Este parto fue precioso, intenso y rápido. No porque lo hiciera todo bien. Mis otros partos tuvieron ritmos y retos distintos. No hay fórmula.
Pero hay algunas cosas que sí me llevo de este parto, y creo que vale la pena decirlas con claridad.
Me preparé con hipnoparto por segunda vez, y la preparación estaba ahí de fondo incluso los días en los que no tenía tiempo de implicarme activamente. El hipnoparto no va de hacer ejercicios. Va de construir una familiaridad mental y física con la relajación que está disponible cuando la necesitas.
No empujé ni una sola vez. No porque nadie me lo dijera. Porque mi cuerpo hacía el trabajo, y yo lo notaba muy claramente. Mi papel era acompañarlo.
Confié en el equipo que había elegido. La matrona al teléfono, las gasas calientes en el periné, el espacio de la habitación, el hecho de que nadie me metiera prisa ni me moviera de donde había ido a parar en el suelo. Todo eso importó.
Y tenía apoyo real a mi alrededor. Mi madre vino. Mi pareja estaba. La matrona estaba. No estaba sola.
Estas cuatro cosas, preparación, confianza en mi cuerpo, confianza en mi equipo, y apoyo real a mi alrededor, son las mismas cuatro cosas que intento ofrecer a las mujeres que ahora acompaño como doula. No una garantía de que su parto se parezca al de Nora. Solo las condiciones para que su parto, sea de la forma que sea, tenga la oportunidad de desplegarse con ellas en el centro.
Esa es la parte a la que siempre vuelvo. La forma de un parto importa menos que la experiencia de ser su protagonista.